La prohibición de acceder a los cines con comida y bebida del exterior

Carlos Sánchez López |  23 agosto, 2015 |  Consumo |  7 minutos

Hace unos días leía que un hombre había sido expulsado de una sala de cine, con intervención incluso de la policía nacional, por haber entrado con una botella de agua. Como usuario habitual de las salas de cine me he preguntado a menudo si es posible entrar a disfrutar de una película con comida y bebida del exterior, especialmente a la vista de los altos precios. Es habitual que la gente introduzca comida escondiéndola en bolsos o abrigos, como si hicieran algo ilegal; y en muchas de las salas se pueden ver carteles que prohíben acceder con productos adquiridos fuera del cine. Es por tanto un buen momento para analizar el estado de la cuestión, especialmente porque la información que se suele encontrar por internet es fragmentaria y dispersa, tratándose en muchas ocasiones de noticias que no mencionan su base jurídica.

El derecho de admisión

A nivel estatal, la norma que regula el derecho de admisión en los cines y otros establecimientos es el Real Decreto 2816/1982, de 27 de julio de 1982, que aprueba el Reglamento General de Policía de Espectáculos y Actividades Deportivas. En su artículo 59.1.e) establece que el público no podrá entrar en el recinto o local sin cumplir los requisitos a los que la empresa tuviese condicionado el derecho de admisión, a través de su publicidad o mediante carteles, bien visibles, colocados en los lugares de acceso, haciendo constar claramente tales requisitos. En principio, parece ser que con indicar claramente el hecho de que no se puede entrar con comida o bebida permitiría que la empresa ejercitase su derecho de admisión. Pero el problema no es ese, pues no existe duda alguna de que un cine podría prohibir el consumir alimentos o bebidas. El problema es si esa prohibición puede afectar únicamente a aquellas comidas y bebidas que se hayan adquirido fuera del cine. Además, interpretando el artículo 59 todas las prohibiciones parecen orientadas a evitar peligro o malestar a otros usuarios, así como a dificultar el desarrollo del espectáculo, a lo que no parece afectar el que unas palomitas o un refresco se hayan adquirido dentro o fuera del cine.

En esta materia, sin embargo, debe atenderse prioritariamente a las normas autónomicas, por lo que encontramos todo un conjunto de normativas muy distintas entre sí. Por ejemplo, en Madrid, el artículo 24.2 de la Ley 17/1997 establece que el derecho de admisión no podrá utilizarse para restringir el acceso de manera arbitraria o discriminatoria, ni situar al usuario en condiciones de inferioridad, indefensión o agravio comparativo, y deberá tener por finalidad impedir el acceso  de personas que se comporten de manera violenta, que puedan producir molestias al público o usuarios o que puedan alterar el normal desarrollo del espectáculo o actividad. En la norma asturiana son bastante claros, y establecen que en los cines (entre otras actividades) se garantizará a los consumidores y usuarios el derecho a elegir los productos que deseen consumidor y donde adquirirlos, siempre y cuando durante el espectáculo se permita el consumo de los mismos.

Sin embargo, en normativas como la andaluza, se recoge expresamente la posibilidad de prohibir la entrada a las personas que porten comidas o bebidas para ser consumidas en el interior de establecimientos de hostelería y esparcimiento, o condiciones que exijan la consumición de los bienes o servicios prestados por el propio establecimiento para utilizar sus instalaciones o elementos del mobiliario. Estos preceptos parecen orientados a bares o restaurantes, donde no resulta razonable que las personas puedan disfrutar del local sin adquirir los productos que allí se venden, y que son la actividad principal (y, generalmente, única) del negocio. Resulta por tanto muy discutible el si un cine se engloba dentro de la categoría de establecimiento de esparcimiento, aunque me inclino por el sí. Debe decirse que estas condiciones deben estar aprobadas de manera previa por el Ayuntamiento competente para el otorgamiento de la licencia, por lo que no sería válida una prohibición unilateral por parte de la empresa, por ejemplo mediante la mera colocación de un cartel.

En conclusión, y respeto a la prohibición de acceder a los cines con comida y bebida del exterior por la vía del derecho de admisión, considero que su legalidad es, cuanto menos, dudosa. En lugares con una normativa similar a la de Madrid, diría que la ilegalidad de negar el derecho de admisión por ese motivo es manifiesta. En lugares con una normativa del estilo de la andaluza, lo cierto es que cabe un margen de interpretación.

La legislación de protección de los consumidores y usuarios

Junto con el anterior, hay otro análisis de legalidad respecto del asunto que estamos tratando, y es comprobar si la prohibición se ajusta a lo que establece la legislación de protección de los consumidores y usuarios. Básicamente, el problema pasa por determinar si la prohibición de consumir comida y bebida procedente del exterior es una cláusula abusiva (ya hablé sobre las cláusulas abusivas en esta otra entrada, dedica a las cláusulas suelo). Por lo que, como siempre que hablamos de esta materia, debemos recurrir al Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias.

El artículo 82 dice que “se considerarán cláusulas abusivas todas aquellas estipulaciones no negociadas individualmente y todas aquéllas prácticas no consentidas expresamente que, en contra de las exigencias de la buena fe causen, en perjuicio del consumidor y usuario, un desequilibrio importante de los derechos y obligaciones de las partes que se deriven del contrato”. Hay que tener en cuenta que al adquirir la entrada de cine se está llevando a cabo un contrato, y que la prohibición de entrar con comida y bebida del exterior, siempre y cuando esté debidamente expuesta, se convierte en una cláusula del mismo. También hay otros artículos a los que debe prestarse atención, ya que la Ley contiene unos “ejemplos” de cláusulas abusivas, como la contenida en el artículo 89.4, en virtud del cual se considerará abusiva en todo caso “la imposición al consumidor y usuario de bienes y servicios complementarios o accesorios no solicitados”.

Que es una estipulación no negociada individualmente y no consentida expresamente es indudable en la práctica habitual en la que se compra una entrada en taquilla y se accede a la sala. Por lo que la cuestión se centra en dilucidar si se causa un desequilibrio importante de los derechos y obligaciones de las partes que se deriven del contrato, ya sea considerándola como una imposición o no.

El Tribunal Superior de Justicia de Castilla La-Mancha considera que limitar la posibilidad de acceder a la sala en función de la procedencia de los productos y que sólo se puedan consumir los adquiridos en su interior implica que, de manera indirecta pero inequívoca, se está imponiendo al consumidor que desee comer o beber, actividad permitida en la sala, el que lo sea respecto de servicios complementarios que en principio no ha solicitado pero que se ve forzado a solicitar de la propia empresa. Ello causa un perjuicio que afecta a las reglas de la buena fe y libre competencia, y es una cláusula abusiva.

La Comisión de Cooperación de Consumo, órgano ejecutivo de la Conferencia Sectorial de Consumo, ha interpretado la cuestión (Consulta 1998/53) considerando que la prohibición puede constituir una cláusula abusiva. Sobre esta base han actuado algunas organizaciones de consumidores, denunciando estas actuaciones e incluso logrando la retirada de la prohibición en algunas salas de cine.

La conclusión final es, por tanto, que no puede prohibirse el acceso a las salas de cine con comidas y bebidas del exterior. Si bien es cierto que en ocasiones, dado el estado actual del mundo del cine, esta actividad secundaria puede suponer un importante porcentaje de los ingresos y aún más del beneficio de las salas, atendiendo a la legislación vigente la prohibición de acceder a los cines con comida y bebida del exterior supone, como mínimo, una cláusula abusiva y, en determinadas autonomías, está directamente prohibido por la legislación sobre el derecho de admisión. Ante una prohibición de este tipo, el usuario debería ejercer su derecho y solicitar las hojas de reclamación para formular una queja.