La protección del software

Carlos Sánchez López |  28 junio, 2015 |  Propiedad intelectual |  5 minutos

Una pregunta que surge a menudo en alguno de los lugares donde colaboro es la posibilidad de proteger un software, un programa de ordenador. Una duda que se pregunta cada vez más, con el auge de las apps móviles, generalmente creadas por personas individuales o por equipos individuales que no pueden permitirse un asesoramiento especializado. Esta entrada busca recoger las distintas posibilidades que existen para proteger el software como tal y las ideas que implementa, y la forma más adecuada de hacerlo.

Las patentes

Debe mencionarse que el software no es patentable per se. Tanto el artículo 4 de la Ley de Patentes como el artículo 52 del Convenio de la Patente Europea dicen expresamente que no se considerarán invenciones los programas de ordenador. No obstante, pueden protegerse los efectos técnicos derivados de la ejecución de un programa cuando éste constituya un medio para la solución de un problema mediante las llamadas invenciones implementadas por ordenador. Así, por ejemplo, puede patentarse un método de compresión de datos que cumpla con todos los requisitos de patentabilidad. En la práctica, sin embargo, no resulta fácil obtener una patente por esta vía, y suele aplicarse a software bastante especializado, por lo que este procedimiento escapa a lo que en esta entrada deseo transmitir.

La propiedad intelectual

El software más común, como un juego móvil, una aplicación de restaurantes, o cualquier otra que se nos ocurra, es protegible mediante la propiedad intelectual. Antes de nada, es conveniente aclarar varios conceptos. El software como tal es un conjunto de instrucciones para el ordenador, que se realizan en formato texto en uno de los múltiples lenguajes de programación existentes, y que tras un proceso denominado compilación se transforman a otras instrucciones entendibles para el procesador del ordenador. El lenguaje de programación puede ser desde muy humano, con estructuras de texto fáciles de entender y escribir, a algo mucho más arcano y cercano a la máquina. A este conjunto de instrucciones que el programador crea se le denomina código fuente.

Por otra parte, hay que tener claro que las ideas no se pueden proteger. Lo que la propiedad intelectual protege es la expresión de esas ideas, pero no las ideas en sí. No puede protegerse, por ejemplo, una colina con un molino encima, sino la concreta plasmación que en una pintura se haga de esa colina y ese molino. Así lo dice el artículo 96 de la Ley de Propiedad Intelectual, cuando establece que “no estarán protegidos mediante los derechos de autor […] las ideas y principios en los que se basan cualquiera de los elementos de un programa de ordenador”.

Por tanto, lo que la propiedad intelectual protege es únicamente la plasmación concreta de unas ideas que hayas llevado a cabo mediante un programa de ordenador, lo que no impide a cualquier persona implementar por cuenta propia esas mismas ideas. Por poner un ejemplo, si tienes un software que permite a las personas comentar sus impresiones sobre un restaurante, otra persona podría hacer su propio software para eso mismo, siempre y cuando lo implementase desde cero sin utilizar tu código fuente.

La protección conferida por la propiedad intelectual existe desde el mismo momento de la creación del software. No es necesario hacer nada, y en el mismo momento que lo creas ya has obtenido los derechos de autor sobre él. No obstante, para poder demostrar que efectivamente has sido tú quién lo ha creado, puede ser recomendable acceder al Registro de la Propiedad Intelectual y registrar allí tanto el código fuente del programa como cualquier documentación que lo acompañe. También serviría como prueba su depósito ante un Notario. Y, por supuesto, existe un procedimiento de protección mucho más seguro, que es el secreto, esto es, no permitir que nadie tenga acceso al código y, por tanto, evitar que pueda ser copiado.

La competencia desleal

Todo lo anterior lleva a pensar que, en la práctica, no puede protegerse el software en cuanto idea. Que puedes hacer una aplicación revolucionaria y que a nadie se le había ocurrido, y al día siguiente otra persona puede clonarla. Y, en realidad, es así. Pero sí estamos hablando de aplicaciones que compiten dentro de un mercado, existe una última vía para la protección: la competencia desleal.

Dicha norma permite alegar distintos comportamientos que son contrarios a las reglas de la buena fe dentro del mercado. Así, el artículo 6 de la Ley de Competencia Desleal considera desleal “todo comportamiento que resulte idóneo para crear confusión con la actividad, las prestaciones o el establecimiento ajenos”, lo que podría emplearse para atacar una aplicación que resulta muy similar a la ya existente. El artículo 11, relacionado con el anterior, considera que la imitación de prestaciones ajenas es desleal cuando “resulte idónea para generar la asociación por parte de los consumidores respecto a la prestación o comporte un aprovechamiento indebido de la reputación o el esfuerzo ajenos”.

Conclusión

Como conclusión a esta entrada, debes tener en cuenta que existe la posibilidad de proteger el código fuente, aunque dicha protección no resulta muy efectiva e, incluso, puede no ser recomendable, pues se permite el acceso al código fuente a posibles competidores que podrían “inspirarse” en el mismo. Y que la única posibilidad de defensa frente a imitadores es cuando la misma sea bastante similar, hasta el punto de que pueda confundir a los consumidores.

Pese a esta aparente falta de protección, encontramos que existen aplicaciones que son compradas por otras empresas más grandes por cantidades astronómicas. Puede pensarse que eso resulta absurdo, ya que esas grandes empresas disponen de recursos de sobra para elaborar una aplicación equivalente en funcionalidd y prestaciones. Pero sin embargo, no es así, y esas compras se producen. Esto es porque la protección del software de donde procede en realidad es de la innovación, en la medida en que un software innovador soluciona los problemas de la gente, se mantiene siempre a la vanguardia, y aprovecha su originalidad para realizar un excelente posicionamiento en el mercado y conseguir una gran base de usuarios, que es a la postre lo que realmente determina su valor.